Opensolaris 2008.05: ¿Qué y para quién es?

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Este mes de mayo, la distribución de OpenSolaris denominada Indiana y cuyo nombre oficial es openSolaris 2008.05 (para x86) ha visto la luz. De sus cualidades muchos han hablado ya, así que mi análisis será bastante esencial y se centrará en dos cuestiones fundamentales: qué es y para quién es.

La paulatina transformación de Sun en una empresa de servicios basada en código abierto tiene como piedras angulares sus servidores (la parte física) y su versión particular de *nix, Solaris (la parte lógica). Esta última parte ha ido siendo abierta a la Comunidad OpenSolaris para que los desarrollos que se hagan en ella constituyan la base de las siguientes versiones de Solaris. Más o menos. Los intentos de Sun de aclarar sus intenciones, reteniendo cierto control de calidad y marca, pero permitiendo las colaboraciones externas, merecerían otro artículo.

Fruto de esta apertura son las diversas consolidaciones de lo que se ha llamado Nevada, y que no es otra cosa que las versiones que se consideran más o menos estables del código que fue de Solaris y que ahora está mutando a OpenSolaris. Con este código la Comunidad puede hacer las distribuciones que prefiera (al estilo de Linux), y una de ellas es, precisamente, la de Sun. OpenSolaris no es, por lo tanto, un Sistema Operativo completo. Las distribuciones que con su código se construyan, sí pueden serlo. Una de ellas es la que ha recibido el nombre OpenSolaris 2008.05, también conocida como Indiana. Espero que a estas alturas esté un poco más claro qué es. Sólo quiero añadir que se trata de una distribución live, es decir, que se puede ejecutar directamente desde el medio (CD-ROM) para probarla, sin necesidad de instalarla en el disco del ordenador; aunque también es posible hacer esto último en una partición especialmente dedicada a ello, ocupando unos 3G de espacio.

Para quién es es una cuestión ciertamente delicada, no tanto por el planteamiento teórico sino por cómo se ha llevado a la practica. En efecto, parecería lógico que Indiana (orquestada por Ian Murdock, cofundador de la distribución Debian) heredase de Solaris 10 (la última encarnación de este *nix) la mayor parte de sus características y orientación. Solaris, me consta, funciona fantásticamente bien en las máquinas de Sun (UltraSPARC y x86_64), pero no también en las ajenas (x86). La clave, como siempre, está en los controladores para la pléyade de dispositivos que hay en el mercado.

Indiana pretende ser una primera incursión a este mundo tan variopinto y caótico que son los ordenadores cuyos componentes y calidad no puede controlar el fabricante del Sistema Operativo. En pocas palabras, Indiana está dirigido a aquellos usuarios precursores cuyas máquinas son montadas por otros fabricantes o incluso por ellos mismos, con componentes más o menos comunes, pero de origen “desconocido” (para Sun). Y estos usuarios no son necesariamente los que ya estaban habituados a Solaris.

En efecto, lo más probable es que, por número, si estas personas han estado ejecutando un sistema tipo *nix en sus ordenadores con antelación a Indiana, se haya tratado de alguna distribución de Linux o *BSD. Y para ellos lo más atractivo sería, sin duda, un sistema en el cual puedan compilar sus aplicaciones favoritas. Un sistema donde las herramientas del nivel de usuario (en el sentido de *nix, por supuesto) sean familiares en comportamiento y sintaxis. Un sistema, en definitiva, en el que el entorno visible (no solo el escritorio, que en este caso es Gnome) sea compatible con lo que ya conocen: herramientas de GNU, incluyendo los compiladores y bibliotecas más populares (¿alguien ha dicho Gtk+). Y así es Indiana.

¿Quiere esto decir que se quiere dejar de lado a los usuarios tradicionales de Solaris? Por supuesto que no. Pero en esta versión, el énfasis se ha puesto en la captación de adeptos. Prueba de ello es que, aunque todas las herramientas tradicionales de Solaris están disponibles, la variable PATH antepone el directorio que contiene las de GNU a aquéllas. Naturalmente, el “arreglo” (si no tenemos ya nuestra propia definición de la variable) es trivial.

Para terminar, mi experiencia con Indiana ha sido breve, pero interesante. Nada más arrancar el entorno gráfico, me preguntó a cuál de las redes inalámbricas quería conectarme, que ya es bastante. La instalación al disco local (emulado mediante VMWare) fue fácil, con una única sorpresa: al elegir la zona horaria, pareció creer que España está en África. Y, hasta ayer al menos, no era así 😛

Fuente: *nix pro

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Acerca de

Administrador de redes estructurales, implementador de sistemas operativos de libre distribución, ingeniero en sistemas y comunicaciones, son algunas de las áreas que he desarrollado a través de 10 años en el área de la informática.

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